No necesitas cremas extravagantes ni productos mágicos para verte perfecta. Tan solo con una cuchara puedes
lograr un cambio espectacular en tu aspecto si conoces los trucos que voy a contarte a continuación...
#1 Reduce la inflamación
Tener una
cuchara siempre en la heladera tiene más
de un beneficio. No es precisamente para tener el utensilio más cerca si
te da un antojo nocturno de pastel, sino porque puede ayudarte a
desinflamar tu rostro por las mañanas. Una cuchara fría es lo que necesitas cuando tus ojos amanecen hinchados u ojerosos.
También es perfecta para desinflamar ese grano rojo que está a punto
de estallar, o para tratar un moretón. En caso de que tengas un barrito
blanco, en vez de usar la cuchara fría, necesitas sumergirla en agua
caliente y luego dejarla reposar unos segundos sobre el grano
detestable.
#2 Contribuye al delineado perfecto
Una simple cuchara puede
solucionar tus problemas de delineado.
Solo debes aprovechar su forma natural para lograr un delineado
perfecto, sobre todo si te gusta llevar ojo de gato. Es mejor cuando
utilizas delineador líquido, no lo olvides.
#3 Previene las manchas de la máscara de pestañas
A todas nos pasa que cuando colocamos la máscara para pestañas
terminamos con alguna mancha de producto sobre el párpado, ¡pero ya no
más! Acostúmbrate ahora a utilizar una cuchara sobre el ojo, justo
encima de la pestaña para que al maquillarla, el make up quede en su
lugar y no sobre el párpado.
#4 Funciona como rizador
¿No tienes un rizador? Prueba con este truco: coloca la cuchara sobre
tu ojo y con ayuda de tu dedo presiona las pestañas justo en el borde y
hacia arriba. Verás que los resultados son los mismos que con un
rizador.
Sabes que
rizar las pestañas es un gran truco para lucir ojos más grandes y una mirada más vivaz. Así que, ¡no dejes de hacerlo!
#5 Te ayuda a crear tu propio labial
Puedes mezclar tus dos colores de labial favoritos para crear uno
diferente y especial, solo para ti. Toma dos pequeños trozos de los
lápices de labios elegidos y colócalos dentro de una cuchara. Haz fuego
con un encendedor y colócalo directamente debajo de la cuchara para que
con el calor las barras se derritan y fusionen.
A continuación, mezcla los colores con un palillo y coloca el fluido
en un pequeño recipiente. Espera hasta que solidifique y, ¡ya tienes tu
nuevo color personal!